Prometí que este año no me iba a dejar llevar por la euforia consumista del 14 de febrero,  pero  a reserva que tengo este día como una excusa perfecta para atiborrarme desenfadadamente de los  chocolates que tengo escondidos en casa,  también quiero aprovechar para confesar por qué  estoy perdidamente enamorada de mi mejor amigo:

  • Es la persona más inteligente, honesta, responsable y justa que conozco.
  • Es el perfecto compañero de buffet, noches  bohemias  y trasnochadas.
  • Tiene una fe ciega en mí y en lo que todavía puedo llegar a ser.
  • No juzga mis gustos musicales.
  • Ha estado a mi lado en los momentos más felices y en los tragos más amargos.
  • Ríe misteriosamente al verme correr, bailar o intentar algún deporte.
  • Podemos comunicarnos sin hablar.
  • Desde el día que lo conocí, decretó que nuestra relación sería para siempre.
  • Hemos crecido y cambiado juntos (metafórica y literalmente)
  • En todo momento me hace sentir especial; Aun y con cara amarilla, ojos llorosos, una que otra cana y arruga que ya se asoma, para el siempre seré  hermosa y única.
  • Jamás da un paso para atrás, persigue sus sueños y nunca se da por vencido.
  • ¡Es guapísimo!

Si no lo haz descifrado mi mejor amigo también es mi esposo, nuestra relación se basa en el respeto, la confianza, honestidad, lealtad y amor incondicional. No todo es perfecto,  tenemos malos momentos, rutinas, cansancios y preocupaciones, pero siempre  trabajamos en nuestras diferencias y permanecemos juntos luchando. ¿No se trata también de esto la amistad?

Bien decía Friedrich Nietzsche, que no es la falta de amor, sino la falta de amistad lo que ocasiona matrimonios infelices, entonces enamórate de tu mejor amigo como yo.

Te amo mi Enrique.

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