¡Ay!, pero ¿Qué le paso?,  ¿a quién se comió?, ¡pero tan flaca que estaba!, ¡que pellejuda quedó!,  Sus caderas no mienten, se le ve fatal ese bañador…  Frases como éstas,  hacen que alguien se sienta insegura y vulnerable  ante su propio cuerpo e imagen y aun peor cuando estas frases vienen de tus propios pensamientos.

Creo que todas en algún punto en el tiempo, hemos pasado por esta situación;  Yo fui aquella jovencita de cuerpo delgado, que celebraba a nombre de su buena  genética y  metabolismo, sin embargo  esa jovencita no consideró los cambios que vendrían  en su cuerpo por las hormonas y la   maternidad;

Soy mamá de 3, los primeros dos embarazos con cuatro años de diferencia entre sí, pasaron muy tranquilamente, subí muchos kilos, mismos que bajé inmediatamente, mi piel era tan noble que no hubo estrías ni piel floja en mi abdomen, mi viejos jeans de pierna ancha siempre me esperaban  y sabían que no los iba a defraudar. Pasando los años llegó el momento de un tratamiento hormonal para poder embarazarme de un tercer hijo, el embarazo llegó, sin embargo a las 17 semanas perdimos al bebé, quedando en una profunda depresión,  con un cuerpo lleno de hormonas,  un sobrepeso “descomunal”  y una autoestima por los suelos.

Pocos meses después, llegó la cereza del pastel, nuestra niña arcoíris. Era tanta mi felicidad que los cambios en mi cuerpo ya no me quitaban el sueño y aunque no lo crean, tampoco el hambre, sin embargo pasando los años me empecé a sentir sensible respecto al tema; Mi nueva figura estaba muy alejada de quien fui tiempo atrás, miraba muslos sin firmeza, senos que empezaban a sufrir los efectos de la lactancia extendida, unas caderas adornadas con estrías y un par de centímetros extras en cada ángulo de mi persona.

Ha sido un proceso lento y terapéutico, aún me encuentro quitando viejos vicios, cambiando hábitos y empezando nuevamente a ejercitarme,  a tratar de  ajustar esos malos pensamientos; Yo valgo por lo que soy, no por mis abdominales o rollitos y no te miento, claro que hay días, en lo que la batalla continua, pero trato de no aferrarme a lo negativo, soy feliz y disfruto lo que veo en el espejo. ¿La fórmula? , es simple,  soy hermosa,  cada parte de mi cuerpo es perfecta, única y especial. Mi cuerpo dio vida  y no lo pienso castigar, ni juzgar ni mucho menos esconder.

A darle gusto al cuerpo

(*Corre por el bikini y ríe histéricamente)

 

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