MAMÁ ESTÁ OCUPADA | Tips para lucir y sentirte linda.

Verano por la mañana, mis niños siguen de vacaciones, la casa parece zona de guerra; juguetes  por todos lados, trastes fuera de su lugar  y  libros que esperan por ser forrados y etiquetados.  Me levanto como puedo, soy un desastre; fue una noche de insomnio pensando en deberes, pendientes, oportunidades negadas y nuevos proyectos. Mis ojos están hinchados más de lo normal, el cabello  desordenado con un par de canas rebeldes,  mis cejas tienen rato sin ser depiladas y no recuerdo cuando fue la última vez que me hice la manicura.

580897_427318190665907_126531685_n¡Sí que la rutina me ha cambiado! Anteriormente siendo mamá en oficina,  solía tener el maquillaje y peinado perfecto, me gustaba usar trajes sastres, vestidos, accesorios  y no salía de casa sin un buen tacón.  Y es que cuando empecé  a pasar mucho tiempo en casa, me fui acostumbrando a no arreglarme como lo hacía antes y fue más tentador pasar los días en tenis,  camisetas y leggins deportivos.

Alto, ¿qué paso?, yo no soy así…

Me gusta estar cómoda pero no sentirme mal por como luzco  y si bien yo soy más que un vestido, un tacón o un labial, debo admitir que llegará un momento en que la  forma en la que visto o me veo, me afectará. Por ello me di a la tarea de adaptar mi rutina como mamá trabajadora a mi nueva realidad y quedaron los siguientes puntos que espero te sirvan como me han servido a mi:

  • Invierte en un buen corte de cabello, pero se flexible cuando no tengas tiempo, siempre podrás recurrir a una cola de caballo bien estilizada
  • Viste de acuerdo a tu edad y talla.
  • Cuida e hidrata siempre tu piel, no olvides usar protector solar.
  • Los trajes deportivos (pants, leggins, tops y camisetas) solo son para hacer ejercicio, no para la vida diaria.
  • Crea una rutina simple de maquillaje. Enfócate en lo que sabes te hace lucir bien, en mi caso uno poco de rímel y color en las mejillas hacen la diferencia.
  • No subestimes el poder de unos jeans y una blusa linda.
  • Di si a los vestidos, aunque estemos en casa. Muchas veces preferimos no ponernos ropa linda por temor a maltratarla  pero si no es ahora ¿cuándo? (Ojo siempre guarda ESE vestido único para una ocasión especial)
  • Se organizada y podrás arreglarte en menos tiempo
  • No todo es lo que nos ponemos, sino nuestra actitud frente a la vida, no debemos descuidarnos, dejarnos o abandonarnos, ni por ser un mal día, ni por  caer en una rutina de hijos y trabajo en casa.
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Mientras dormías| La intención de las palabras

-“Háblale mientras duerme, dile lo mucho que lo amas y lo importante que es para ti y la familia”-.

Este definitivamente ha sido por mucho uno de los mejor consejos que me han dado en mi etapa de mamá y es que en esa época yo estaba embarazada nuevamente y uno de mis hijos presentaba  cambios de humor y de personalidad tan fuertes que  tenía miedo que esto  empezará a impactar negativamente en su desempeño académico y social y con ello su autoestima, seguridad y confianza.

La idea de susurrarle cosas lindas al oído tenía lógica; Básicamente era aprovechar su propio mundo de sueños, sin temores y sin preocupaciones para   “programar” positivamente al niño para que creyera al despertar en esas palabras;  El comportamiento del pequeño  cambió considerablemente y yo me quede convencida del poder de las palabras, a través de ejercicios de afirmación positiva tanto en ellos como conmigo misma*.

A lo largo de la implementación de la estrategia de afirmaciones positivas  hemos aprendido a estar más enfocados en lograr nuestros objetivos, a buscar mayores posibilidades y a eliminar los pensamientos y patrones negativos que interfieren con ello.

Me considero una mamá en constante aprendizaje, no  soy experta en programación neurolingüística o leyes de atracción o abundancia, pero es sumamente gratificante ver a mis hijos más  agradecidos, seguros de sí mismos, más motivados y comprometidos a lograr o superar obstáculos, entonces,  ¿porqué no ayudarles mientras duermen?

 

*Tengo la vida que deseo,  soy amada, soy agradecida,  soy positiva y optimista, elijo ser feliz y mis posibilidades son infinitas.

 

 

 

 

De “Haters”, chismes y cosas peores…

¿No te ha pasado que tienes días de pesadez, en dónde inexplicablemente sientes una carga nada agradable de energía negativa. Seguramente estas rodeada o hay alguien cerca de ti, que de alguna forma se siente “amenazado” u opacado.

Me refiero a aquellos individuos de personalidad tóxica, siempre al pendiente de tu vida, de tu trabajo, de tu rol como madre, que sienten satisfacción hablando a tus espaldas, demeritándote y tratando de que tu autoestima y seguridad se vean mermadas por sus comentarios malintencionados.

No desperdicies tiempo, angustiándote o pasando un mal rato con personas llenas de negatividad. Recuerda que ignorar a quien trata de hacerte menos es quitarle el poder de actuar sobre ti. Rodéate de quien te inspire a seguir adelante y excluye de tu vida a quien se burla, ofende o menosprecia.

Las personas felices y plenas no critican a los demás y si lo hacen es porque son incapaces de ocuparse de ellos mismos.

Como juzgué a mi cuerpo y me reconcilié con él.

¡Ay!, pero ¿Qué le paso?,  ¿a quién se comió?, ¡pero tan flaca que estaba!, ¡que pellejuda quedó!,  Sus caderas no mienten, se le ve fatal ese bañador…  Frases como éstas,  hacen que alguien se sienta insegura y vulnerable  ante su propio cuerpo e imagen y aun peor cuando estas frases vienen de tus propios pensamientos.

Creo que todas en algún punto en el tiempo, hemos pasado por esta situación;  Yo fui aquella jovencita de cuerpo delgado, que celebraba a nombre de su buena  genética y  metabolismo, sin embargo  esa jovencita no consideró los cambios que vendrían  en su cuerpo por las hormonas y la   maternidad;

Soy mamá de 3, los primeros dos embarazos con cuatro años de diferencia entre sí, pasaron muy tranquilamente, subí muchos kilos, mismos que bajé inmediatamente, mi piel era tan noble que no hubo estrías ni piel floja en mi abdomen, mi viejos jeans de pierna ancha siempre me esperaban  y sabían que no los iba a defraudar. Pasando los años llegó el momento de un tratamiento hormonal para poder embarazarme de un tercer hijo, el embarazo llegó, sin embargo a las 17 semanas perdimos al bebé, quedando en una profunda depresión,  con un cuerpo lleno de hormonas,  un sobrepeso “descomunal”  y una autoestima por los suelos.

Pocos meses después, llegó la cereza del pastel, nuestra niña arcoíris. Era tanta mi felicidad que los cambios en mi cuerpo ya no me quitaban el sueño y aunque no lo crean, tampoco el hambre, sin embargo pasando los años me empecé a sentir sensible respecto al tema; Mi nueva figura estaba muy alejada de quien fui tiempo atrás, miraba muslos sin firmeza, senos que empezaban a sufrir los efectos de la lactancia extendida, unas caderas adornadas con estrías y un par de centímetros extras en cada ángulo de mi persona.

Ha sido un proceso lento y terapéutico, aún me encuentro quitando viejos vicios, cambiando hábitos y empezando nuevamente a ejercitarme,  a tratar de  ajustar esos malos pensamientos; Yo valgo por lo que soy, no por mis abdominales o rollitos y no te miento, claro que hay días, en lo que la batalla continua, pero trato de no aferrarme a lo negativo, soy feliz y disfruto lo que veo en el espejo. ¿La fórmula? , es simple,  soy hermosa,  cada parte de mi cuerpo es perfecta, única y especial. Mi cuerpo dio vida  y no lo pienso castigar, ni juzgar ni mucho menos esconder.

A darle gusto al cuerpo

(*Corre por el bikini y ríe histéricamente)